miércoles, 27 de junio de 2012

Los caminos de rosas no existen

Éramos felices cuando éramos pequeños. Jugábamos, llenándonos de barro e hiriéndonos las rodillas. Pero no importaba porque las heridas se curaban con un "cura sana, cura sana, si no se cura hoy se curará mañana" y un poco de agua oxigenada. No podemos negar que se trataba de una vida bastante fácil.

Luego crecimos.

Crecemos y descubrimos un mundo totalmente nuevo. De repente, nos encontramos metidos hasta el cuello en un mundo donde las emociones, los sentimientos, las relaciones nos atacan indiscriminadamente. No sabemos por dónde llegará el próximo golpe, sólo sabemos que dejará un rastro que jamás desaparecerá. Cicatrices. Todas esas personas que conocemos y con las que compartimos una pequeña parte de nuestra existencia dejan una marca en nuestro, por entonces, pequeño y frágil corazón.

Y entonces ocurre. Nos enamoramos. Conocemos a alguien, una persona, que se siente tan pequeña y perdida como nosotros. Pero nosotros nunca la veremos así, porque para los enamorados la otra persona es  cualquier cosa menos insignificante. Por el contrario, durante un tiempo esa persona se convertirá en lo más importante de nuestro antes frenético mundo, se convertirá en nuestro todo. Todas las emociones, todos esos sentimientos que antes nos atacaban sin piedad y desde cualquier ángulo posible, convergirán en un mismo punto: en él, en ella. Volvemos a ese mundo infantil donde todo se ve de color de rosa y las heridas se curan con una canción, con su voz. Se está tan bien en esos momentos... ¿Quién no ha deseado quedarse en ese mundo no sólo hasta mañana sino para toda la eternidad?

Algunas personas tienen suerte o, mejor dicho, agallas. Porque en la vida ocurren cosas horribles y hay que tener la suficiente fuerza y valentía para superarlas. De verdad en el mundo hay gente extraordinaria, capaz de prever los problemas o de eliminarlos antes de que causen un daño irreparable. Y luego también estamos aquellos que incluso con un camino de rosas a nuestros pies encontramos una piedra con la que tropezarnos. Porque no os engañéis, hasta en el camino más precioso hay piedras, hoyos y troncos enteros que obstruirán vuestro paso. Es aterrador darte cuenta de la cantidad de obstáculos que se esconden bajo los pétalos de rosa, pero es necesario para no caer en ellos.

Tenedlo en cuenta: el camino no es fácil, las canciones no curan heridas y, por supuesto, la vida no es de color de rosa. Porque la vida es mejor, es multicolor. Y los momentos oscuros hacen que brillen más los amarillos, los naranjas y, por supuesto, los rosas.

Sed valientes para sobreponeros a los momentos difíciles. Sed aún más valientes para disfrutar de los buenos momentos y nunca, nunca los dejéis escapar sin haberlos disfrutado plenamente.